Miró a todos los rincones del gabinete, y no vio a nadie.

—Estoy aquí, en la alcoba.

Miguel fue a allá y le encontró metido dentro de su cama.

—¡Pero hombre!...

—Perdóname... me hallaba medio desnudo y tenía mucho frío...

—Pero ¿qué ha sido eso?

—El patrón de la calle del Pez... Me quitó el baúl con la ropa, me arrancó la levita que llevaba puesta, el sombrero, la corbata... y después de darme unas cuantas bofetadas, me echó a la calle a las diez de la noche...

Dijo esto con la misma calma que si hablase de otro. Miguel le miró estupefacto.

—¿Y tú qué has hecho?

—Venir aquí.