—¡Ya llegaremos allá!

—¡Diablo! es menester que se pronuncie antes siete veces lo menos; y te lo pueden escabechar fácilmente.

—¡Pobrecillo de mi alma!—exclamó Julita poniendo la cara triste.

—¿Pero le quieres de veras?

—Un poquito.

—Pues él también te quiere a ti: al entrar en esta casa hace un momento, me vino a preguntar con semblante fosco si yo te galanteaba.

—¡Qué tonto!—exclamó la niña roja de placer.—¿Y tú qué le dijiste?

—Que no podía aunque quisiera, porque era tu hermano.

—¿Y él que ha dicho?

—¿De veras es V. hermano de esa joven?