—Aquí está la segunda, Lola.
—¡Demonio, esta es verdaderamente horrible!
Julia se echó a reír diciendo:
—En Sevilla las llaman «las tres circunstancias agravantes.» A la primera Premeditación, a la tercera Alevosía, y a la segunda Ensañamiento, por orden de fealdad.
—Tiene gracia... Cualquier día me voy a Sevilla por una de ellas. ¿Y son esas las primas de que me hablabas?
—No, hombre no: éstas son tías... primas segundas de mamá... Por supuesto, te lo digo en reserva, porque si ellas supieran que yo ando propalando este secreto, serían capaces de asesinarme, ¿no es verdad, mamá?
—Pues que quieran o no—respondió la brigadiera,—son tus tías, y la menor pasa ya de los treinta.
—Oyes, Julia—dijo Miguel hablando otra vez en voz baja.—¿Se te ha declarado ya ese...?
—El otro día me puso una carta en la mano; pero yo la dejé caer.
—¿Pues?