¿Por qué no se mueve ya esta lengua en la cátedra del Ateneo de Madrid? ¿Por ventura teme la competencia de la hoja de Albacete que esgrime el P. Sánchez entre sus carrillos? ¿Ó le infunde pavor la brocha de polvos de arroz que Perier pasea dulcemente por su boca?

No dejo de comprender que la política es una amiga celosa y exclusiva que con frecuencia nos priva de cualquiera otra inocente distracción. Tengo presente, además, que usted, D. Emilio, necesita aprovechar todas sus fuerzas para llevar á feliz término la patriótica tarea que ha emprendido; ¿pero se figura usted que en el Ateneo no hacemos política? Vaya si la hacemos y muy flamante y muy seria[3]. Si usted pensara en dar una vuelta por aquí, no dejaría de tropezar con algunos jóvenes de corazón sano y de mente vigorosa, discutiendo en voz un poco más que alta las más arduas cuestiones de la ciencia del Estado. ¡Si viera usted qué mustios andan y qué desencantados! Entusiastas siempre de la libertad, pero aterrados ahora por sus excesos, se encuentran al borde del escepticismo, del cual sólo usted puede librarlos. Es necesario hacerles entender que aún hay para la democracia española una bandera, símbolo de progreso y compatible con la paz y la salud de la patria, y esta bandera es la que usted ha levantado valerosamente sobre los restos de un partido ensangrentado y delirante.

El Ateneo es un país neutral, es la Bélgica de nuestra política, y aunque no pocas veces se cuela por sus rendijas y ventiladores el simoun de la pasión, usted sabe muy bien que los árabes llaman al simoun el hálito de Dios, y lo es en efecto. ¿Qué sería de una idea si la pasión no la cobijara bajo su manto de grana? Se moriría de frío. Á este centro debe usted acudir nuevamente, porque este centro con sus pasiones, con sus indisciplinas, con sus deslices artísticos, hasta con sus conservadores, y á pesar de sus ultramontanos, sabe mantener vivo el amor al estudio de los grandes problemas. Tiene una historia gloriosa, goza de un feliz presente, y si los grandes espíritus como usted no desertan de su modesto recinto, continuará empuñando en nuestra patria, con aplauso de todos, el cetro de la ciencia.

LOS NOVELISTAS ESPAÑOLES

PROEMIO