¡Cuántos años hace que el Sr. Fernández y González está haciendo cestos sin darse punto de reposo!
Sus novelas, como las saetas del ejército de Jerjes, amenazan ya nublar el sol.
Así, que me he visto precisado á pelear á la sombra.
Conste sobre todo, Sr. Fernández, que esta crítica fué inspirada por los móviles más bajos y más ruines.
D. FRANCISCO NAVARRO VILLOSLADA
ROCEDAMOS con método. El Sr. Villoslada, aunque novelista vivo, no es un novelista contemporáneo. Pertenece al grupo de los románticos que pasó felizmente para no volver. El romanticismo dió muerte al clasicismo: el realismo filosófico acaba de matar al romanticismo. Éste fué una gloriosa insurrección contra las formas aristocráticas y convencionales de la tradición literaria encauzada desde el renacimiento por el seguro pero estrecho álveo de la cultura clásica, un retorno á la verdad y á la belleza aprisionadas en inflexibles moldes, un himno entusiasta á la inspiración libre y sencilla de la Edad Media. En el romanticismo precisa distinguir dos momentos. Detiénense en el primero los apasionados y devotos de la Edad Media, los que no sólo demandan á estos siglos naturalidad y sencillez para la forma, sino ideales, tangibles y completos para la vida, los que aman sus creencias y sus costumbres, oponiéndolas con decisión al amaneramiento y á la tibieza de nuestros tiempos. Fueron representantes más ó menos insignes de estas tendencias, en Alemania los hermanos Schlegel, Tiek, Ruckert y Huland; en Inglaterra, Walter-Scott y Southey; en Francia Chateaubriand, Vigny, y en España el duque de Rivas y Zorrilla.