—No señor, gracias.

—¿Es tan urgente el asunto?

—Lo es.

Nanín quedó un instante suspenso.

—Bien, bien—dijo al cabo—. Será como usted guste. Y dirigiéndose a sus primos añadió:—Soy con vosotros al instante. Necesito hablar unas palabras con este amigo.

Salió y cerró la puerta del palco.

—Estoy a su disposición—dijo ya con semblante grave para acomodarse al de Tristán.

Este echó a andar hacia la escalera y Nanín le siguió al vestíbulo que se hallaba solitario. Sólo los encargados de recibir los billetes de entrada charlaban a la puerta.

—Acabo de saber que ha estado usted en mi casa.

—Efectivamente, esta tarde he tenido el gusto de ver a Clara...