Entonces la intrépida joven saltó con increíble energía sobre su jaca y la puso a un galope furioso. El animal, como si comprendiese lo que su ama exigía de él, devoró en cortos minutos la distancia.
Cuando llegó al Sotillo su hermano salía ya a su encuentro. El valeroso esfuerzo de la joven se disipó a su vista. Cayó en sus brazos sollozando y sólo pudo decir:
—¡Corred, corred! Tristán está herido más acá del puente de madera.
X
UNA NOCHE DE NOVIOS
Por fortuna la conmoción cerebral que Tristán padeció fue pasajera. Pero se vio que tenía el brazo derecho dislocado por la articulación del hombro. Los médicos del pueblo que fueron llamados por teléfono vinieron prontamente y le hicieron la reducción no sin agudos dolores. El enfermo quedó tranquilo, durmió y amaneció sin fiebre al día siguiente. Escudero, que avisado por telégrafo llegó en el primer tren de la mañana, viéndole en estado satisfactorio quiso llevárselo a Madrid. Reynoso se opuso enérgicamente. Tristán ya pertenecía a su familia de derecho; iba a ser su hermano próximamente y no saldría de casa sino enteramente curado.
No hay para qué encarecer el esmero afectuoso con que fue atendido y mimado en los pocos días que permaneció postrado. Todos querían hacerle compañía, todos querían agasajarle envolviéndole en una atmósfera tibia de vigilancia y amor. En cuanto a Clara se puede decir que no vivía más que para él.
Una tarde en que por haberse ausentado momentáneamente Elena quedaron solos los novios, Tristán aprovechó aquellos instantes para repetir a su amada la admiración y la gratitud de que estaba poseído. Después, quedando pensativo, dijo melancólicamente:
—¡Era yo tan feliz en aquel momento, Clara! Jamás había visto el cielo tan diáfano ni el campo tan hermoso, jamás percibí tan grato el aroma de las flores ni oí más suave las notas del ruiseñor, jamás sentí mi cuerpo tan vigoroso y mi espíritu más lúcido. Pero ¡ay! el hombre es siempre un niño que persigue mariposas al borde de un abismo. La naturaleza se ríe de nuestro amor y nuestra admiración; es una madre loca que estrangula a su hijo cuando éste la besa.
—Desecha esas ideas lúgubres, Tristán. No vuelvas tanto los ojos hacia atrás. Ya que Dios ha permitido que salvaras de este peligro en que fácilmente pudiste perecer o quedar lisiado para siempre, es que consiente en hacerte feliz.