—Averiguadlo si podéis.

—Medrados estamos con el paladín éste, que todavía no se ha quitado de los zapatos el barro amarillo de los breñales de Hanson y ya viene tratándonos de parlanchines.

—¡Qué gente tan lista la de esta tierra, Roger! dijo Gualtero con sorna, guiñando el ojo á su amigo.

—¿Cómo debemos tomar vuestras palabras, señor mío?

—Tomadlas por donde podáis sin quemaros, respondió Gualtero.

—¡Otra agudeza!

—Gracias por el cumplido.

—Mira, Germán, lo mejor será que lo dejes, porque el escudero de Morel es más despierto y más listo de lengua que tú.

—De lengua, lo concedo. ¿Y de espada? preguntó Germán.

—Punto es ese, observó Rodolfo, que podrá esclarecerse dentro de dos días, la víspera del gran torneo.