—Yo os diría que lo hacéis como un patán, y no como hombre bien nacido. Os diría también que en la escuela de mi señor no se aprende á buscar un lance por medio de tan groseros modos....

—¿Y cómo habéis aprendido á hacerlo vos, modelo de escuderos?

—No siendo brutal ni insolente, sino dirigiéndome á vos, por ejemplo, para deciros cortésmente: "He resuelto mataros y espero que me hagáis la merced de designar hora y lugar donde podamos vernos cara á cara y espada en mano." Y tratándose de un escudero comedido y digno de ese nombre, me quitaría el guante, como lo hago ahora y lo dejaría caer á sus pies; pero teniendo que habérmelas con un destripaterrones como vos, se lo lanzaría á la cara!

Y con toda su fuerza arrojó el guante al rostro burlón del escudero.

—¡Lo pagaréis con vuestra vida! rugió éste, blanco de ira.

—Si podéis quitármela, repuso Roger con entereza.

—¡Bravo, muchacho! exclamó Gualtero. Tente firme.

—Se ha portado como debía y puede contar conmigo, agregó Norbury, escudero de Sir Oliver.

—Tú tienes la culpa de todo esto, Tránter, dijo Germán. ¿No andas siempre buscando pendencia á los recien llegados? Pues ahí la tienes. Pero sería una vergüenza que el asunto pasase á mayores. El mozo no ha hecho más que contestar á una provocación con otra.

—¡Imposible! exclamaron algunos. ¡Tránter ha recibido un golpe! Tanto valdría quedarse con una bofetada.