—Todos. Notaréis que algunos están concluídos en diferentes placas, que unidas forman cuadros de gran tamaño. Aquí en Francia tienen á Clemente de Chartres y algunos otros artífices de mérito, dedicados á esta misma clase de trabajos. Pero ¿oís? Ya suena otra vez el clarín bélico para recordarnos que vivimos bajo la mano férrea del conquistador y no en las regiones donde impera el arte.

—Señal es esa también para nosotros, dijo Gualtero al oir el toque de los clarines. Bien quisiera yo permanecer aquí más largo tiempo, rodeado de tantas cosas bellas—y al decirlo miraba con admiración á la ruborosa Tita—pero fuerza es volver á nuestra posada y eso antes de que á ella regrese el señor de Morel.

Renovaron Pisano y su hija las demostraciones de gratitud, prometieron los escuderos repetir tan grata visita y habiendo cesado la lluvia, se dirigieron éstos de la calle del Rey, donde vivía el artista italiano, á la de los Apóstoles, en cuya esquina ostentaba su muestra la Hostería de la Media Luna.

CAPÍTULO XXII
UNA NOCHE DE HOLGORIO EN "LA ROSA DE AQUITANIA"

—¿HAS visto cara más hermosa, Roger? preguntó Gualtero apenas se apartaron de la puerta de Pisano. ¡Qué ojos, qué perfil divino!

—No puedo negar que es bella. ¿Pues y aquel color moreno de las mejillas y los negrísimos rizos que circundan el óvalo perfecto de la cara?

—¿Dónde me dejas los ojos? De mirada tan clara y tan profunda á la vez; tan inocentes al par que tan expresivos....

—Si algún pero se le puede poner está en la barba.

—Pues no lo he notado....

—Graciosamente cortada, eso sí.