—¡Bravo, Yonson! exclamaron los arqueros.
—¡Cuatrocientos veinte pasos! dijo un ballestero que con Arnaldo acababa de medir la distancia exacta y llegó corriendo al grupo.
—Pues ahora veréis cómo vuela un buen dardo del Brabante, dijo tranquilamente el ballestero.
—¡Por la cruz de Gestas! gruñó Tristán, ha caído cerca de la quinta pica.
—¡No, más allá, más allá! gritaron entusiasmados los flamencos.
—¡Quinientos ocho pasos! voceó Arnaldo y repitieron todos con asombro.
—¿Cuál de las dos armas vence ahora? preguntó orgullosamente el ballestero.
—En el tiro á distancia, la vuestra lleva la ventaja, lo confieso, replicó Yonson cortésmente.
—¡Poco á poco! gritó en aquel punto nuestro amigo Tristán con un vozarrón tremendo y adelantándose hasta llegar junto al engreído ballestero. Este arco que aquí véis alcanza más lejos que esa maquinaria vuestra, con molinillo y todo, y os lo voy á probar ahora mismo. ¿Preferís tirar otra vez?
—Me atengo á los quinientos ocho pasos de mi último dardo.