El tío Marcial muestra a su vez su bigote gris y dice alegremente:
—La consigna está cumplida, señorita, y he llenado la medida; tres pater en vez de dos, porque, ha de saber usted que había sus lagunas... De este modo Dios estará satisfecho y no regateará su ración de felicidad a tan linda criatura.
Mientras charla contra su costumbre, ha abierto la caja y está poniendo en orden las cartas preparadas.
—¡Calla! Hay todavía un telegrama. Voy a llamar al muchacho.
Liette extiende vivamente la mano y dice:
—Es inútil; este telegrama es para mí.
Liette está sola.
Ha faltado al deber profesional, al juramento, al honor y a la disciplina...
¡Es culpable, muy culpable!
Y, sin embargo, su frente no se baja ante la mirada del soldado sin miedo y sin tacha, del que nunca como entonces se ha sentido hija.