—Pasemos adelante.

—La he llorado durante veinte años y he llevado lealmente su luto.

—Pasemos, pasemos.

—Pero al fin llega una hora en que no debe uno ya mirar detrás de sí y en que los minutos están contados para llenar nuestros deberes respecto del porvenir como respecto del pasado. Un noble no puede dejar extinguirse el nombre que ha recibido de sus antepasados para transmitírselo a sus descendientes.

—En una palabra, quieres casarte con miss Darling...

—Por la razón que te doy...

—¿La permanencia de la raza? Si esa fuera la única, ¿sería necesario recurrir a un matrimonio aventurado?... En la vida de un hombre de placer como tú... y como yo, por desgracia, hay faltas de la juventud que corresponde reparar a la vejez...

—¿Qué quiere usted decir?

—No tengo derecho para ser severo... Pero si hubieras dejado detrás de ti algún remordimiento...

Llegaban a un claro rodeado de hayas gigantes que el sol acribillaba con sus flechas de oro...