—Sí, pero los años de campaña se cuentan dobles y ella ha conservado la frescura de su nombre.
—Pongamos que estoy demasiado bronceado para ella, y no hablemos más del asunto.
—Pues no eres poco difícil...
—¿No hay nada más?—preguntó la tía Liette muy divertida.
—Como pasos oficiales, no hay más, y ya es bastante... Pero he recibido otras dos visitas, la una muy simpática... y la otra un poco menos.
—¿Cuáles?
—Eso, joven, es el secreto profesional. Busca y encontrarás. ¿Quién puede quererte bien?
—¿Y mal?—preguntó con inquietud Liette, a quien el notario respondió con una señal imperceptible.
La empleada, impaciente por saber, dijo:
—Oye, Carlos, debías hacer una visita al señor cura para presentarle tus respetos y tu cruz...