—No, tiene que volver a empezar—respondió Carlos tranquilamente.
Sonó otra detonación tan cerca del soldado, que éste balbució aterrado:
—Mi capitán, le juro a usted que no he sido yo.
—¡Naturalmente!... ¿Se ha acabado?
—Sí, mi capitán.
—Entonces, en retirada; de prisa.
Dieron unos cuantos pasos.
Hacia la izquierda sonó otra detonación.
Carlos cayó al suelo.
Ragasse se había detenido.