Yo amo sin esperanza
mas no sin felicidad
la veo y es ya bastante.

Y esa felicidad fugitiva y efímera, de la que no se llevaría más que el recuerdo embalsamado, a sus lejanas guarniciones, ¿debía sacrificarla a un vano escrúpulo?... ¿Qué mal hacía gozando de aquella querida presencia como se respira una flor, sin cogerla ni tocarla?

Después de una galopada bastante larga, la joven se volvió como si sintiese la ardiente caricia de aquella mirada fija en ella y dijo riendo, quizá para ocultar su confusión:

—Creo que nos hemos perdido.

—En efecto...

—¿Desea usted mucho encontrar el camino?

—Haremos lo que usted quiera.

—Pues, entonces, no quiero. ¿Para qué echar a perder el paseo buscando papelitos como el pequeño Pucet sus guijarros?... Y él tenía aún una razón, puesto que al fin del camino estaba la casa de su padre.

El capitán pensaba enteramente como ella, y, quemando lo que había adorado, declaró con desenvoltura que el Rally-paper era grotesco y ridículo...

—Es perfecto—dijo la joven,—para aquellos a quienes divierte. Yo prefiero gozar pacíficamente del encanto de los bosques y de la conversación, mejor que registrar las matas como si estuviese oculto en ellas algún hurón.