—Es una gran noticia, que acaso sea buena... No me atrevo a declararlo, pues va a crearnos serias complicaciones. ¡En fin! no importa; ese pequeño personaje no dejará por eso de ser bienvenido...
—¡Oh! Raúl...
—Solamente, querida, la necesidad de tu partida se impone más que nunca. Tu presencia haría más difícil la confesión de nuestro casamiento y aumentaría el enfado de mi madre.
—¿Lo crees así?
—Estoy seguro. Lo mejor es por lo tanto aprovechar las circunstancias que nos evitan el trabajo de buscar un pretexto. En cuanto expire mi licencia iré a reunirme contigo a Londres, y desde allí anunciaremos a mi madre nuestro matrimonio y el nacimiento de nuestro hijo. La segunda noticia hará pasar la primera y nos ahorraremos una escena penosa.
—Sin embargo... si la señora de Candore se negase...
—Nada es posible contra los hechos consumados. ¿No eres mi mujer?
—El otro día oí al notario señor Hardoin afirmar que un matrimonio hecho en el extranjero en esas condiciones, es nulo...
—¡Hardoin! bonito oráculo... Fuera de la venta de carneros o del precio de un arrendamiento, no sabe una palabra de nada...
—Pero...