—¿Conmigo?—exclamó el diplomático estupefacto y en tono de protesta.—¿A título de qué?
—A título de padre—respondió fríamente el notario.
Raúl paseó sus ojos extraviados del semblante impasible del uno a la bella y triste cara de la otra.
—Esto es una locura, dijo.
El digno notario desdobló un papel amarillento con el sello de Inglaterra.
—Aquí tiene usted la partida de nacimiento de Raúl Carlos, nacido del matrimonio que contrajeron irregularmente en Inglaterra miss Juana Dodson y el conde Raúl de Candore.
—Y vea usted el telegrama dirigido a la señorita Blanca de Candore en el día de su boda, y que me acuso de haber interceptado para evitarle un dolor inútil—añadió sencillamente la empleada.
El conde leyó maquinalmente:
«Señorita, el hombre con quien se va usted a casar es mi esposo ante la ley inglesa y el padre de mi hijo, que pronto no tendrá ya madre. Juana Dodson.»