EL COCOBACILO DE HERRLIN

CAPITULO PRIMERO
SIMPLE INTRODUCCIÓN A UNA HISTORIA COMPLICADA

Cuando Augusto Herrlin, privat docent de la Facultad de Upsala, publicó su «Informe sobre algunas observaciones hechas acerca de una nueva enfermedad infecciosa del conejo silvestre (Lepus cuniculus vulgaris)» era todavía lo que en los círculos científicos de la vieja ciudad universitaria suele llamarse un joven de porvenir. Acababa de entrar en los cuarenta años; hacía justamente ocho que estaba de novio con la séptima hija del profesor Hedenius, titular de su materia, y tenía abiertas ante sí, en todo sentido, perspectivas envidiables. Su reputación profesional comenzaba a apuntar, y a no ser por el agrado con que seguía la práctica de los deportes de invierno en las revistas ilustradas de Estocolmo, habríasele supuesto en condiciones de substituir en la cátedra a su futuro padre político.

La publicación del informe—cuyo texto era ya conocido, pues había figurado, a modo de artículo, en la Revista del Instituto de Bacteriología de Lund, se hallaba incluído en los Anales de la Real Academia de Upsala y fuera divulgado en uno de los últimos números de los Cuadernos bimensuales de la Sociedad Escandinava de Agricultura científica—no obedecía, como podría creerse, a un ansia de popularidad. Augusto Herrlin desdeñaba las reputaciones demasiado ruidosas que trascienden los medios académicos y llegan hasta los libreros y los alumnos del Gimnasio Real de la localidad. La edición, en folleto, de su interesante trabajo debíase, por consiguiente, a sentimientos de otro género.

En la primera semana de mayo se cumplía el octavo aniversario de su compromiso con la séptima hija del profesor Hedenius. ¿Qué mejor testimonio de la constancia de su afecto que ofrecerle en esa ocasión el fruto de sus labores juveniles?

Herrlin había encargado, pues, al impresor de la Universidad una edición reducida del «Informe», que ostentaba en su anteportada la siguiente dedicatoria: