A MI PROMETIDA
H A R O L D A H E D E N I U S
QUE UNE
A SU VIRTUD Y BELLEZA
UN NOMBRE ILUSTRE
EN LAS
CONQUISTAS DE LA FLORA MICROSCÓPICA
CAPITULO II
UN INFORME CONSULAR
Hasta hace algún tiempo, el único argentino establecido en Estocolmo era M. Johann van der Elst, un holandés naturalizado que acostumbraba a residir en Rotterdam, lo cual no le impedía desempeñar con celo y contracción ejemplares las funciones de vicecónsul de la República en la capital sueca.
La información que enviaba mensualmente al Ministerio de Relaciones Exteriores era un índice preciso y minucioso del intercambio comercial sueco argentino, aumentado, a menudo, con abundantes noticias sobre las invenciones, descubrimientos y nuevos métodos científicos e industriales que pudiesen interesar a la agropecuaria sudamericana. Esa contribución de van der Elst al progreso de nuestras industrias madres era difundida en todo el país por el Boletín del Ministerio de Relaciones Exteriores, que adquiría en tales circunstancias un volumen considerable.
A veces, el Ministerio de Agricultura reproducía en sus publicaciones parte de la correspondencia del vicecónsul en Estocolmo, y hasta en cierta oportunidad repartió 10.000 folletos de propaganda sobre un nuevo procedimiento para la producción de quesos frescos, transmitido por van der Elst.
Pero el informe suyo que tuvo mayor fortuna fué el referente al empleo del marlo del maíz en la fabricación de pasta de papel. Llegado al país en momentos en que mayor era la escasez de este producto, fué publicado en el Boletín del Ministerio de Relaciones Exteriores, reproducido en los Anales del Ministerio de Agricultura, insertado en síntesis en los grandes diarios de la capital y del Rosario, incluído en la Revista de la Universidad de Buenos Aires como nota de un artículo del doctor Ernesto Quesada, y transcrito, por último, en el Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, acompañando el proyecto de ley por el cual se mandaba iniciar los estudios necesarios para el establecimiento de la nueva industria. Así, por una paradoja frecuente en la terapéutica social, el primer efecto del salvador informe de van der Elst consistió en la agudización de la crisis papelera.
No es, pues, nada extraño que, al recibirse en Buenos Aires una correspondencia del Viceconsulado en Estocolmo dando cuenta de que el profesor Herrlin, de la Universidad de Upsala, había descubierto un bacilo que determinaba una epizootia fatal entre los conejos silvestres, la noticia se difundiese rápidamente. El relato de esa brillante conquista científica y las consideraciones de van der Elst sobre las consecuencias de su aplicación a la lucha contra el conejo y la liebre, enemigos naturales de la agricultura, fueron pronto familiares a los espíritus porteños.
Este último informe llegaba en momentos en que el apetito de algunos millares de conejos se satisfacía a costa de los campos del Sur, y muy pronto el cocobacilo de Herrlin fué bendecido por muchos corazones como el ángel salvador de los sembrados.
Por aquellos días, al discutirse el presupuesto, un diputado reprochó a la cancillería no reservara exclusivamente a los ciudadanos nativos el desempeño de los cargos consulares. Y para justificar su observación leyó una lista de los extranjeros y ciudadanos naturalizados que tenían la representación de nuestros intereses comerciales en el exterior, en la que figuraba, naturalmente, el vicecónsul en Estocolmo.
¡Nunca lo hubiera hecho! A la sola mención del activo colaborador del Boletín de su ministerio, el canciller se agitó en su banca y pidió la palabra con voz trémula. Se la concedieron de inmediato, y comenzó su discurso en medió de la expectativa de la Cámara. Recogió el último nombre leído por el diputado, el de Johann van der Elst, como ejemplo de los errores e injusticias a que pueden conducir los defectos de información y la precipitación en los juicios. No quería fatigar a la Cámara; mas para llevar a todos el convencimiento de que la vigilancia de nuestros intereses comerciales en el exterior se hallaba en buenas manos, él iba a ceder la palabra a su colega de Agricultura, quien diría en qué forma los agentes consulares contribuían al desarrollo de las industrias «cardinales» de la nación...