—¿Italiano? ¿Francés? ¿Alemán?
—Nada de eso.
—¿Cuál es su nacionalidad?
—Soy argentino.
—¿Hace mucho que está radicada su familia en América?
—Dos siglos.
—¿Cómo dice?
—Doscientos años.
El comisario cuchichea con los oficiales, se sonríe y me pregunta:
—Su abuelo paterno, ¿qué fué?