—Diputado al Congreso de Tucumán.
—¿Por qué provincia?
—Potosí...
Grandes carcajadas del auditorio. El comisario hace esfuerzos por mantener la seriedad y dice:
—Potosí no es una provincia, es una calle.
Me encojo de hombros y me sonrío con una estupidez incomparable. No estoy con ánimo para lanzarme en una disertación histórica. Que el comisario crea lo que le parezca conveniente.
El interrogatorio prosigue. Cada vez que intento defenderme de la terrible acusación que pesa sobre mí me quitan la palabra. El comisario me dirige preguntas insidiosas, que no tienen respuesta. Por último, recapitulando los debates, me dice:
—Si usted es inocente, ¿por qué se introdujo subrepticiamente en la Comisaría? ¿Por qué profirió gritos subversivos? ¿Por qué intentó desarmar al sargento?...
Y antes de que pueda replicar me hace conducir al calabozo.