¿Pues cómo?, dijo. ¿Es muerta?

No señor, respondió, no tanto mal; basta la ausencia. Sus padres se murieron y aun de pena de ver que nunca quiso elegir esposo entre ciento que la competían. Quedó á la sombra y tutela de aquel gran príncipe, que hoy asiste en Alemania, embajador del Católico. Allá pasó con la marquesa, como parienta y encomendada, donde sé que vive y muy contenta, ¡así Dios nos la vuelva, como espero! Quedé yo aquí con mi madre, hermana suya y, aunque solas, muy acomodadas de honra y hacienda. Mas, como no vienen solas las desdichas de cobardes, faltóme también mi madre, sin duda del sentimiento de su ausencia. Asístenme los parientes y á todo el mundo debo harto. Es la virtud mi empleo, procuro conservar la honra heredada: que deben más unas personas que otras á sus antepasados. Ésta, señores, es mi casa, de hoy adelante vuestra, para toda la vida y ¡sea la de Néstor! Ahora quiero que veáis lo mejor de mis galerías y suelos, conduciendo hasta desembarcar en un puerto de rosas y de claveles.

Aquí les fué mostrando en valientes tablas, obra de prodigiosos pinceles, todo el suceso de su vida y sus tragedias, con no poco espanto de ambos, correspondiendo á extremos del arte con extremos de admiración.

No ya sólo Andrenio, pero el mismo Critilo quedó vencido de su agasajo y convencido de su información. Después de alternar disculpas con agradecimientos, trató traer su ropa y entre ella algunas piedras muy preciosas, ruinas ya de aquella su rica casa. Hizo alarde dellas y, como fruta de damas, brindó con todas las de su buen gusto á Falsirena. Aquí ella, aunque las celebró mucho, mandó sacar otras tantas y muy á lo bizarro dijo que las gozase todas. Replicó Critilo fuese servida de guardarlas y ella lo cumplió bien.

Suspiraba Critilo por su deseada Felisinda y así un día sobre mesa propuso su jornada para Alemania, donde estaba. Mas Andrenio, cautivo de la afición de su prima, divirtió la plática, porque disgustaba mucho el hacer ausencia. Ella más á lo sagaz, habiendo alabado la resolución, puso largas á título de conveniencia. Mas ofrecióse luego ocasión y sazón de ir sirviendo á la gran fénix de España, que iba á coronarse de águila del imperio.

No tuvo escusa Andrenio y, entretanto que disponía la partida, propuso Falsirena el preciso lance de ir á ver Escorial.
Aranjuez.
aquellos dos milagros del mundo, el Escorial del arte y el Aranjuez de la naturaleza, paralelos del sol de Austria, según gustos y tiempos. Pero estaba tan ciego de su pasión Andrenio, que no le quedaba vista para ver otro, aunque fuesen prodigios. Hacía instancias Falsirena. Y Critilo, aunque fuese solo en pagar á la curiosidad una tan justa deuda, que después ejecuta el tormento de no haber visto lo que todos celebran y aun la propia imaginación castiga toda la vida, representando por lo mejor aquello que se dejó de ver, partióse solo para admirar por muchos.

Halló aquel gran templo de Salomón católico, asombro del hebreo, no sólo satisfacción á lo concebido, sino pasmo en el exceso. Allí vió la ostentación de un real poder, un triunfo de la piedad católica, un desempeño de la arquitectura, pompa de la curiosidad, ya antigua, ya moderna, el último esfuerzo de las artes y donde la grandeza, la riqueza y la magnificencia llegaron de una vez á echar el resto.

De aquí pasó á Aranjuez, estancia perpetua de la primavera, patria de Flora, retiro de su amenidad en todos los meses del año, guardajoyas de las flores y centro de las delicias á todo gusto, y contento. Dejó en ambas maravillas empeñada la admiración para toda la vida.

Volvió á Madrid muy satisfecho de prodigios. Fuése á hospedar á casa de Falsirena; pero hallóla más cerrada que un tesoro y más sorda que un desierto. Repitió aldabadas al impaciente criado, resonando el eco cada una en el corazón de Critilo. Enfadados los vecinos, le dijeron:

No se canse ni nos muela, que ahí nadie vive, todos mueren.