Vicios
transforman. No, sino de su necedad y pobreza. Por esa corte andan á millares convertidos, después de divertidos, en todo género de brutos. Lo que yo sé decir es que en pocos días, que aquí ha estado, he visto entrar muchos hombres y no he visto salir uno tan sólo, que lo fuese. Y por lo que esta Sirena tiene de pescado, les pesca á todos el dinero, las joyas, los vestidos, la libertad y la honra. Y para no ser descubierta, se muda cada día, no la condición ni las costumbres, sino de casas. De un cabo de la villa salta al otro, con lo cual es imposible hallarla de tan perdida. Tiene otra igual astucia la brújula, con que se rige en este golfo de sus enredos, y es que, en llegando un forastero rico, al punto se informa de quién es, de dónde y á qué viene, procurando saber lo más íntimo. Estudia el nombre, averigúale la parentela. Con esto, á unos se les miente prima, á otros sobrina y á todos por un cabo ó por otro parienta. Muda tantos nombres, como puestos. En una parte es Cecilia, por lo Escila, en otra Serena por lo Sirena, Inés porque ya no es, Teresa por lo traviesa, Tomasa por lo que toma y Quiteria por lo que quita. Con estas artes los pierde á todos y ella gana y ella reina.
No acababa de satisfacerse Critilo y, deseando entrar en la casa, preguntó, si estaría á mano la llave.
Sí, dijo uno, yo la tengo encomendada, por si llegan á verla. Abrió y al punto que entraron dijo Critilo:
Señores, que no es ésta la casa ó yo estoy ciego, porque la otra era un palacio por lo encantado.
Tenéis razón, que los más son de esa suerte. Aquí no hay jardines, no; sino montones de moral basura. Las fuentes son albañales y los salones zahurdas. ¿Os ha pescado algo esta sirena? ¡Decidnos la verdad!
Sí y mucho, joyas, perlas y diamantes; pero lo que más siento es haber perdido un amigo.
No se habrá perdido para ella; sino para sí mismo. Habrálo transformado en bestia, con que andará por esta corte vendido.
¡Oh, Andrenio mío!, dijo suspirando. ¿Dónde estarás? ¿Dónde te podré hallar? ¿En qué habrás parado?
Buscóle por toda la casa, que fué paso de risa para los otros y para él llanto. Y, despidiéndose dellos, tomó la derrota para su antigua posada.
Dió mil vueltas á la corte, preguntando á unos y á otros y nadie le supo dar razón, que de bien pocos se da en ella. Perdía el juicio, alambicándole en pensar trazas, cómo descubrirle. Resolvió al cabo volver á consultar á Artemia.