Tampoco. Ésos tienen los ojos bajo las puntas y por eso sufren tanto.

Allí parece que nos ha llamado un papagayo. ¿Si sería él?

Habladores. No lo creas. Ése será algún lisonjero, que jamás dijo lo que sentía. Algún político destos que tienen uno en el pico y otro en el corazón. Algún hablador, que repite lo que le dijeron, destos que hacen del hombre y no lo son. Todos se visten de verde, esperando el premio de sus mentiras y lo consiguen de verdad.

¿Tampoco será aquel compuesto mojigato, que esconde uñas y ostenta barbas?

Déstos hay muchos, dijo Egenio, que cazan á lo beato: no sólo cogen lo mal alzado, sino lo más guardado. Maldicientes. Pero no juzguemos tan temerariamente, digamos que son gente de pluma.

¿Y aquel perro viejo, que está allí ladrando?

Aquél es un mal vecino, algún maldiciente, un émulo, un malintencionado, un melancólico, uno de los que pasan de los sesenta.

Sé que no sería aquel jimio, que nos está haciendo gestos en aquel balcón.

¡Oh gran hipócrita, que quiere parecer hombre de bien y no lo es! Algún hazañero, que suelen hacer mucho del hombre y son nada. El maestro de cuentos, licenciado de chiste, que como siempre están de burlas, nunca son hombres de veras, gente toda ésta de chanza y de poca sustancia.

¿Qué tal sería, que estuviese entre los leones y tigres del Retiro?