Callar.
Muy bien. Que buen callar se paga con otro. Éste calla, porque aquél calle y todos dicen callar y callemos.
Pasaron á una botica, cuyo letrero decía:
Aquí se vende una quinta esencia de salud.
¡Gran cosa!, dijo Critilo.
Quiso saber qué era y dijéronle que la saliva del enemigo.
Ésa, dijo Andrenio, llámola yo quinta esencia del veneno, más letal que el de los basiliscos. Más quisiera que me escupiera un sapo, que me picara un escorpión, que me mordiese una víbora. ¿Saliva del enemigo? ¿Quién tal oyó? ¡Si dijera del amigo fiel y verdadero! Ésa sí que es remedio único de males.
¡Eh!, que no lo entendéis, dijo Egenio. Harto más mal hace la lisonja de los amigos, aquella pasión con que todo lo hacen bueno, aquel afecto con que todo lo disimulan, hasta dar con un amigo enfermo en sus culpas, en la sepultura de su perdición. Creedme que el varón sabio más se aprovecha del licor amargo del enemigo bien alambicado, pues con él saca las manchas de su honra y los borrones de su fama. Aquel temor de que no lo sepan los émulos, que no se huelguen, hace á muchos contenerse á la raya de la razón.
Llamáronlos de otra tienda á gran prisa, que se acababa la mercancía y era verdad, porque era la ocasión. Y pidiendo el valor, dijeron:
Ahora va de balde; pero después no se hallará un solo cabello por un ojo de la cara y menos la que más importa.