Con letras de oro, decía en una:
Aquí se vende todo y sin precio.
Aquí entro yo, dijo Critilo.
Hallaron tan pobre al vendedor, que estaba desnudo y toda la tienda desierta: no se veía cosa en ella.
¿Cómo dice esto con el letrero?
Muy bien, respondió el mercader.
¿Pues qué vendéis?
Todo cuanto hay en el mundo.
¿Y sin precio?
Sí, porque con desprecio, despreciando cuanto hay, seréis señor de todo; y al contrario, el que estima las cosas no es señor dellas; sino ellas dél. Aquí el que da se queda con la cosa dada y le vale mucho, y los que la reciben quedan muy pagados con ella.