Sí señor, respondió él.
¿Pues para qué tan exorbitantes encarecimientos? ¿De qué sirve esta piedra en el mundo? ¿Qué virtudes la han hallado hasta hoy? Ella no vale para alegrar la vista como las brillantes y transparentes ni aprovecha para la salud, porque no alegra como la esmeralda ni conforta como el diamante ni purifica como el zafir. No es contraveneno como la bezoar ni facilita el parto como la del águila ni quita dolor alguno. ¿Pues de qué sirve, sino para hacer juguetes de niños?
¡Oh, señor!, dijo el lapidario, perdone vuecencia: que no es sino para hombres y muy hombres, porque es la piedra filosofal, que enseña la mayor sabiduría y en una palabra muestra á vivir, que es lo que más importa.
¿De qué modo?
Echando una higa á todo el mundo y no dándosele nada de cuanto hay. No perdiendo el comer ni el sueño, no siendo tontos. Y eso es vivir como un rey, que es lo que aún no se sabe.
Dádmela acá, dijo el duque, que la he de vincular en mi casa.
Aquí se vende, gritaba otro, un remedio único para cuantos males hay.
Acudía tanta gente, que no cabían de pies; aunque sí de cabezas. Llegó impaciente Andrenio y pidió le diesen de la mercadería presto.
Sí señor, le respondieron, que se conoce bien la habéis menester. Tened paciencia.
Volvió de allí á poco á instar le diesen lo que pedía.