Estaban muchos leyendo un gran letrero en una tienda, que decía:

Aquí se vende el bien á mal precio.

Pero entraban pocos.

No os espantéis, Egenio, que es mercadería poco estimada en el mundo.

Entren los sabios, decía el mercader, que vuelven bien por mal y negocian con eso cuanto quieren.

Aquí hoy no se fía, decía otro, ni aun del mayor amigo, porque mañana será enemigo.

Ni se porfía, decía otro.

Y aquí entraban poquísimos valencianos, como ni en las del secreto.

Había al fin una tienda común, donde de todas las demás acudían á saber el valor y la estimación de todas las cosas. Y el modo de apreciarlas era bien raro, porque era hacerlas piezas, arrojarlas en un pozo, quemarlas y al fin perderlas. Y esto hacían aun de las más preciosas, como la salud, la hacienda, la honra y, en una palabra, cuanto vale.

¿Esto es dar valor?, dijo Andrenio.