Señor, sí, le respondieron: que hasta que se pierden las cosas, no se conoce lo que valen.
Pasaron ya á la otra acera de la gran feria de la vida humana, á instancia de Andrenio y despechos de Critilo; pero muchas veces los sabios yerran, para que no revienten los necios. Había también muchas tiendas, pero muy diferentes, correspondiendo en emulación una de esta parte á la de la otra. Y así decía en la primera un letrero:
Aquí se vende el que compra.
Primera necedad, dijo Critilo.
¡No sea maldad!, replicó Egenio.
Iba ya á entrar Andrenio y detúvole, diciendo:
¿Adónde caminas, que vas vendido?
Miraron de lejos y vieron cómo se vendían unos á otros, hasta los mayores amigos.
Decía en otra:
Aquí se vende lo que se da.