Y quien gasta en ello todas sus rentas. Aquella caja está llena de lisonjas, que se pagan muy bien. En aquella redoma hay palabras, que se estiman mucho. Aquel bote es de favores, de que se pagan no pocos. Aquella arca grande está rellena de mentiras, que se despachan harto mejor que las verdades y más las que se pueden mantener por tres días y en tiempo de guerra, dice el italiano, bugia como terra.

Todo aire. ¡Hay tal cosa!, ponderaba Critilo. ¡Que haya quien compre el aire y se pague dél!

¿Deso os espantáis?, le dijeron. ¿Pues en el mundo qué hay sino viento? El mismo hombre, quitadle el aire y veréis lo que queda. Aun menos que aire se vende aquí y muy bien se paga.

Vieron que actualmente estaba un boquirrubio dando muchas y muy ricas joyas, galas y regalos, que siempre andan juntos, á un demonio de una fea, por quien andaba perdido. Y preguntando qué le agradaba en ella respondió, que el airecillo.

De modo, señor mío, dijo Critilo, ¿que aún no llega á ser aire y enciende tanto fuego?

Estaba otro dando largos ducados, porque le matasen un contrario.

¿Señor, qué os ha hecho?

No ha llegado á tanto; hame dicho de suerte, que por una palabrilla...

¿Y era afrentosa?

No, pero el airecillo con que lo dijo me ofendió mucho.