Todo es uno, que todas son prisiones.

¿Y el precio?

De balde y aun menos.

¿Cómo puede ser menos?

Sí, pues se paga porque las lleven.

Sospechosa mercadería: ¿mujeres y pregonadas?, ponderó uno. Ésa no llevaré yo: la mujer, ni vista ni conocida; pero también será desconocida.

Llegó uno y pidió la más hermosa. Diéronsela á precio de gran dolor de cabeza y añadió el casamentero:

El primer día os parecerá bien á vos; todos los demás á los otros.

Escarmentando otro, pidió la más fea.

Vos la pagaréis con un continuo enfado.