Miróla y halló que en todo era dos ó tres puntos más corta: en la edad, en la calidad, en la riqueza, en todo. Y reclamando no era tan ajustada como deseaba:

Llevadla, dijo, que con el tiempo vendrá á ajustarse, que de otra manera pasaría y sería mucho peor. Y tened cuidado de no darla todo lo necesario, porque en teniéndolo, querrá lo superfluo.

Fué alabado mucho uno, que diciéndole viese una, que había de ser su mujer, respondió que él no se casaba por los ojos, sino por los oídos. Y así llevó en dote la buena fama.

Convidáronlos á la casa del buen gusto, donde había convitón.

¿Será casa de gula?, dijo Andrenio.

Sí será, respondió Critilo; pero los que entran parecen comedores y los que salen comidos.

Vieron cosas raras: había sentado un gran señor, rodeado de gentileshombres enanos, entrometidos, truhanes, valientes y lisonjeros, que parecía el arca de las sabandijas. Príncipes. Comió bien; pero echáronle la cuenta muy larga, porque dijeron comía cien mil ducados de renta. Él sin réplica, pasaba por ello. Reparó Critilo y dijo:

¿Cómo puede ser esto? No ha comido la centésima parte de lo que dicen.

Es verdad, dijo Egenio, que no los come; sino éstos que le van alrededor.

Pues, según eso, no digan que tiene el duque cien mil de renta, sino mil y los demás de dolor de cabeza.