Argos moral. Esto estaban filosofando, cuando descubrieron un hombre, muy otro de cuantos habían topado hasta aquí, pues se estaba haciendo ojos para notarlos, que ya poco es ver. Fuése acercando y ellos advirtiendo que realmente venía todo rebutido de ojos de pies á cabeza y todos suyos y muy despiertos.

¡Qué gran mirón es éste!, dijo Andrenio.

No; sino prodigio de atenciones, respondió Critilo. Si él es hombre, no destos tiempos; y, si lo es, no es marido ni aun pastor ni trae cetro ni cayado. ¿Mas si sería Argos? Pero no, que ése fué del tiempo antiguo y ya no se usan semejantes desvelos.

Antes sí, respondió el mismo: que estamos en tiempos, que es menester abrir el ojo y aun no basta; sino andar con cien ojos. Nunca fueron menester más atenciones, que cuando hay tantas intenciones: que ya ninguno obra de primera. Y advertid que de aquí adelante ha de ser el andar despabilados, que hasta ahora todos habéis vivido á ciegas y aun á dormidas.

Dínos por tu vida, tú que ves por ciento y vives por otros tantos, ¿guardas aún bellezas?

¡Qué vulgaridad tan rancia!, respondió él. ¿Y quién me mete á mí en imposibles? Antes me guardo yo dellas y guardo á otros bienentendidos.

Estaba atónito Andrenio, haciéndose ojos también ó en desquite ó en imitación.

Y reparando en ellos Argos, le dijo:

¿Ves ó miras? Que no todos miran lo que ven.

Estoy, respondió, pensando de qué te pueden servir tantos ojos. Porque en la cara están en su lugar, para ver lo que pasa, y aun en el cerebro, para ver lo que pasó; ¿pero en los hombros á qué propósito?