Mucho, respondió Argos. El mirar con ojos ajenos, que es una gran ventaja; sin pasión y sin engaño, que es el verdadero mirar. Pero vamos, que yo os ofrezco que, antes que nos dividamos, habéis de lograr otros tantos como yo. Que también se pegan, como el entendimiento, cuando se trata con quien le tiene.
¿Dónde nos quieres llevar?, preguntó Critilo, ¿y qué haces aquí, en esta plaga del mundo, que todo él se compone de plagas?
Puerto
y puerta
de la vida. Soy guarda, respondió, en este puerto de la vida, tan dificultoso, cuan realzado: pues comenzándole todos á pasar mozos, se hallan al cabo hombres. Aunque no lo sienten tanto como las hembras, con que de mozas, que antes eran, se hallan después dueñas; mas ellas reniegan de tanta autoridad. Y ya que no tienen remedio, buscan consuelo en negar. Y es tal su pertinacia, que estarán muchas canas de la otra parte y porfían que comienzan ahora á vivir. Pero callemos, que lo han hecho crimen de descortesía y dicen: más querríamos nos desañasen, que desengañasen.
¿De modo, dijo Critilo, que eres guarda de hombres?
Sí y muy hombres: de los viandantes. Porque ninguno pase mercaderías de contrabando de la una provincia á la otra. Hay muchas cosas prohibidas, que no se pueden pasar de la juventud á la virilidad. Permítense en aquélla y en ésta están vedadas so graves penas. Á más de ser toda mala mercadería y perdida por ser mala hacienda. Cuéstales á algunos muy cara la niñería. Porque hay pena de infamia y tal vez de la vida, especialmente si pasan deleites y mocedades. Costumbres de
contrabando. Para obviar este daño tan pernicioso al género humano, hay guardas muy atentas, que corren todos estos parajes, cogiendo los que andan descaminados. Yo soy sobre todos y así os aviso que miréis bien si lleváis alguna cosa, que no sea muy de hombres, y la depongáis. Porque, como digo, á más de ser cosa perdida, quedaréis afrentados, cuando seáis reconocidos. Y advertid que, por más escondida que la llevéis, os la han de hallar. Que del mismo corazón redundará luego á la boca y los colores al rostro.
Demudóse Andrenio. Mas Critilo, por desmentir indicios, mudó de plática y dijo:
En verdad, que no es tan áspera la subida, como habíamos concebido. Siempre se adelanta la imaginación á la realidad. ¡Qué sazonados están todos estos frutos!
Sí, respondió Argos: que aquí todo es madurez. No tienen aquella acedía de la juventud, aquel desabrimiento de la ignorancia, lo insulso de su conversación, lo crudo de su mal gusto. Hombre
en su punto. Aquí ya están en su punto, ni tan pasados como en la vejez ni tan crudos como en la mocedad; sino en un buen medio.
Topaban muchos descansos, con sus asientos bajo de frondosos morales muy copados, cuyas hojas, según decía Argos, hacen sombra saludable y de gran virtud para las cabezas, quitándoles á muchos el dolor della. Y aseguraban haberlos plantado algunos célebres sabios, para alivio en el cansado viaje de la vida. Pero lo más importante era que á trechos hallaban algún refresco de saber, confortativos de valor, que se decía haberlos fundado allí á costa de su sudor algunos varones singulares, dotándolos de renta de doctrina. Y así en una parte les brindaron quintas esencias de Séneca, en otras divinidades de Platón, néctares de Epicuro y ambrosías de Demócrito y de otros muchos autores sacros y profanos, con que cobraban, no sólo aliento, pero mucho ser de personas, adelantándose á todos los demás.
Aduana
de vida. Al sublime centro habían llegado de aquellas eminencias, cuando descubrieron una gran casa labrada, más de provecho, que de artificio. Y, aunque muy capaz, nada suntuosa. De profundos cimientos, asegurando con firmes estribos las fuertes paredes. Mas no por eso se empinaba ni poblaba el aire de castillos ni de torres. No brillaban chapiteles ni andaban rodando las giraldas. Todo era á lo macizo, de piedras sólidas y cuadradas, muy á machamartillo. Y aunque tenía muchas vistas con ventanas y claraboyas á todas luces; pero no tenía reja alguna ni balcón. Porque entre hierros, aunque dorados, se suelen forjar los mayores y aun ablandarse los pechos más de bronce.