Vos le hacéis y él os deshace, dijo el presidente.

Y remitióle á la reforma de los que hacen número en el mundo.

Respondió otro que él pasaba adelante, por no poder volver atrás.

Los más decían que porque los habían echado, con harto dolor de su corazón, de los floridos países de su mocedad; que, si eso no fuera, toda la vida se estuvieran con gusto, dándose verdes de mocedades. Y á éstos los remitieron á la reforma de aniñados.

Estábase lamentando un príncipe de verse así tan adelante y á su antecedente tan atrás. Porque hasta entonces, divertido con los pasatiempos de la mocedad, no había pensado en ser algo; pero, aquellos ya acabados, le daba gran pena ver que le sobraban años y le faltaban empleos. Remitiéronle á la reforma de la espera, si no quería reinar por falto, que era despeñarse.

En busca de la honra dijeron algunos que iban, muchos tras el interés y muy pocos los que á ser personas; aunque fueron oídos de todos con aplauso y de Critilo con observación.

Llegaron en esto las guardas con una gran tropa de pasajeros, que los habían cogido descaminados. Mandaron fuesen luego reconocidos por la Atención y el Recato y que les escudriñasen cuanto llevaban. Topáronle al primero no sé qué libros y algunos muy metidos en los senos.

Leyeron los títulos y dijeron ser todos prohibidos por el Juicio, contra las pragmáticas de la prudente Gravedad, pues eran de novelas y comedias.

Reforma
de libros.
Condenáronlos á la reforma de los que sueñan despiertos. Y los libros mandaron se les quitasen á hombres que lo son y se relajasen á los pajes y doncellas de labor. Y generalmente todo género de poesía en lengua vulgar, especialmente burlesca y amorosa, letrillas, jácaras, entremeses, follaje de primavera, se entregaron á los pisaverdes.

Lo que más admiró á todos fué que la misma Gravedad en persona ordenó seriamente que de treinta años arriba ninguno leyese ni recitase coplas ajenas, mucho menos propias ó como suyas, so pena de ser tenidos por ligeros, desatentos ó versificantes. Lo que es leer algún poeta sentencioso, heroico, moral y aun satírico, en verso grave, se les permitió á algunos de mejor gusto, que autoridad, y esto en sus retretes, sin testigos, haciendo el descomido de tales niñerías; pero allá á escondidas, chupándose los dedos. El que quedó muy corrido fué uno, á quien le hallaron un libro de caballerías.