Trasto viejo, dijo la Atención, de alguna barbería.
Afeáronsele mucho y le constriñeron lo restituyese á los escuderos y boticarios. Mas los autores de semejantes disparates, á locos estampados.
Replicaron algunos que para pasar el tiempo se les diese facultad de leer las obras de algunos otros autores, que habían escrito contra estos primeros, burlándose de su quimérico trabajo, y respondióles la Cordura que de ningún modo, porque era dar de lodo en el cieno y había sido querer sacar del mundo una necedad con otra mayor.
En lugar de tanto libro inútil, ¡Dios se lo perdone al inventor de la estampa!, ripio de tiendas y ocupación de legos, les entregaron algunos Sénecas, Plutarcos, Epictetos y otros, que supieron hermanar la utilidad con la dulzura.
Polilla
del tiempo. Acusaron éstos á otros, que no menos ociosos y más perniciosos, se habían jugado el sol y quedado á la luna, diciendo que para pasar el tiempo. Como si él no los pasase á ellos y como si el perderlo fuera pasarlo.
De hecho le hallaron á uno una baraja. Mandaron al punto quemar las cartas, por el peligro del contagio, sabiendo que barajas ocasionan barajas y de todas maneras empeños, barajando la atención, la reputación, la modestia, la gravedad y tal vez la alma. Mas al que se los hallaron, con todos los tahures, hasta los cuartos, que es la cuarta generación, les barajaron las haciendas, las casas, la honra, el sosiego para toda la vida.
En medio desta suspensión y silencio se le oyó silbar á uno, cosa que escandalizó mucho á todos los circunstantes y más á los españoles. Y averiguada la desatención, hallaron había sido un francés y le condenaron á nunca estar entre personas.
Más les ofendió un sonsonete, como de guitarra, instrumento vedado so graves penas de la Cordura. Y así refieren que dijo el Juicio, en sintiendo las cuerdas:
¿Qué locura es ésta? ¿Estamos entre hombres ó entre barberos?
Hízose averiguación de quién la tañía y hallaron era un portugués. Y cuando creyeron todos le mandarían dar un trato de cuerda, oyeron que le rogaban, que á los tales se les ruega, tañese algún son moderno y lo acompañase con alguna tonadilla. Con harta dificultad lo recabaron y con mayor después que cesase. Gustaron mucho, aun los más serios ministros de la reforma humana. Y generalmente se les mandó á todos los que pasan de mozos á hombres que de allí adelante ninguno tañese instrumento ni cantase; pero que bien podían oir tañer y cantar, que es más gusto y más decoro.