¿Qué arma tan extraordinaria es aquélla?, preguntó como tan soldado don Alonso.

Estorea, respondió Salastano, y fué de la reina de las amazonas, trofeos de Hércules con el balteo, que pudo entrar en docena.

¿Y es preciso, replicó Mercado, creer que hubo amazonas?

No sólo que las hubo; sino que las hay de hecho y en hechos.

Serenísima
reina de Francia.
¿No lo es hoy la serenísima señora doña Ana de Austria, florida reina de Francia? Así como lo fueron siempre todas las señoras infantas de España, que coronaron de felicidades y de sucesión aquel reino. ¿Qué es, sino una valerosa amazona la esclarecida reina polona, Belona, digo cristiana, siempre al lado de su valeroso Marte en las campañas? Duquesa
de Cardona.
Y la excelentísima duquesa de Cardona ¿no se portó muy como tal, encarcelada, donde había sido virreina? Pero venerando y no olvidando tantos plausibles prodigios, quiero que veáis otro género dellos, tenidos por increíbles.

Y al mismo punto les fué mostrando con el dedo un hombre de bien en estos tiempos, un oidor sin manos; pero con palmas. Y lo que más es, su mujer. Un grande de España desempeñado, un príncipe en esta era dichoso, una reina fea, un príncipe oyendo verdades, un letrado pobre, un poeta rico, una persona real, que murió sin que se dijese que de veneno, un español humilde, un francés grave y quieto, un alemán aguado. Y juró Balboa era el varón de Sabac. Un privado no murmurado, un príncipe cristiano en paz, un docto premiado, una viuda de Zaragoza flaca, un necio descontento, un casamiento sin mentiras, un indiano liberal, una mujer sin enredo, uno de Calatayud en el limbo, un portugués necio, un real de á ocho en Castilla, Francia pacífica, el septentrión sin herejes, el mar constante, la tierra igual y el mundo mundo.

En medio desta folla de maravillas entró un otro criado, que en aquel punto llegaba de muy lejos, y recibióle Salastano con extraordinarias demostraciones de gusto.

El mayor
prodigio.
Seas tan bienllegado como esperado. ¿Hallaste, díme, aquel portento tan dudado?

Señor, sí.

¿Y tú le viste?