Dígote que no valió un clavo, respecto désta, ni supo Hércules lo que se hizo ni supo vivir ni entendió el modo de hacer la guerra.
¿Cómo no, si con aquella triunfó de todos los monstruos del mundo, con ser tantos?
Pues con ésta se vencen los mismos imposibles. Creedme que es mucho más ejecutiva y sería nunca acabar querer yo relataros los portentos de dificultades, que se han allanado con ésta.
Será encantada, dijo Andrenio, no es posible otra cosa. Obra grande de algún poderoso nigromántico.
Que no está encantada, dijo el francés, aunque sí hechiza á todos. Más os digo, que aquélla sólo en la diestra de Hércules valía algo; mas ésta en cualquier mano, aunque sea en la de un enano, de una mujer, de un niño, obra prodigios.
Poder del oro. ¡Eh, monsiur, dijo Andrenio! No tanto encarecimiento. ¿Cómo puede ser eso?
¿Cómo? Yo os lo diré. Porque es toda ella de oro macizo, aquel poderoso metal, que todo lo riñe y todo lo rinde. ¿Qué pensáis vosotros, que los reyes hacen la guerra con el bronce de las bombardas, con el hierro de los mosquetes y con el plomo de las balas? No, por cierto, sino con dinari y dinari e piu dinari. Mal año para la tizona del Cid y para la encantada de Roldán, respecto de una maza preñada de doblones. Y porque lo veáis, aguardad.
Descolgóla y pegó con ella en las puertas un ligerísimo golpecillo; pero tan eficaz, que al punto se abrieron de par en par, quedando atónitos ambos peregrinos y blasonando el monsiur, aunque fueran las de la torre de Dánae. Pero son de Dame, que es más.
Cuando todo estuvo llano, ya no lo estaba la voluntad de Critilo; antes dudaba mucho el entrar, porque dudaba el poder salir. Reclamo de oro. Hallaba, como prudente, grandes dificultades; mas al ruido del dinero, que oyó contar, que por eso se llamó moneda, a monendo, porque todo lo persuade y recaba y á todos convence, se dejó vencer. Atrájole el reclamo del oro y de la plata. Que no hay armonía de Orfeo, que así arrebate.
En estando dentro, se volvieron á cerrar las puertas, con otros tantos cerrojos de diamante. Mas, ¡oh espectáculo tan raro como increíble! Donde creyeron hallar un palacio, centro de libertades, hallaron una cárcel, llena de prisiones, pues á cuantos entraban los aherrojaban. Y es lo bueno que á título de hacerles muchos favores.