Éste que reluce, ¿no es oro?
Dígole lodo.
¿Y tanta riqueza?
Vileza.
Éstos ¿no son montones de reales?
No hay una realidad en todos ellos.
Pues éstos, que tocamos, ¿no son doblones?
Sí, en lo doblado.
¿Y tanto aparador?
No es, sino parador, pues al cabo para en nada. Y porque os desengañéis que todo esto es apariencia, advertid que, en boqueando cualquiera, el más rico, el más poderoso, en nombrando cielo, en diciendo: ¡Dios mío, valedme!, al mismo punto desaparece todo y se convierte en carbones y aun cenizas.