Aun no es eso, respondió la gloria de los cisnes: que son tan romancistas algunos, que no entienden el arte; sino que para las obras grandes son menester ingenios agigantados. Aquí está el Tasso, que es un otro Virgilio cristiano y tanto, que siempre se desempeña con ángeles y con milagros.
Había un vacío en buen lugar y, notándolo Critilo, dijo:
De aquí algún gran plectro han robado.
No será eso; sino que estará destinado para algún moderno.
Don Francisco
de Sayas. ¿Si sería, dijo Critilo, uno que yo conozco y estimo por bueno, no por ser mi amigo, antes mi amigo por ser bueno?
No pudieron detenerse más, porque la edad les daba prisa, y así hubieron de dejar esta primera estancia de un tan culto Parnaso y, en lo fragante, Paraíso.
Llamóles el Tiempo á un otro salón más dilatado, pues no se le veía fin. Introdújoles en él la Memoria y aquí hallaron otra bien extremada ninfa, que tenía la mitad del rostro arrugado muy de vieja y la otra mitad fresco muy de joven. Historiadores. Estaba mirando á dos haces á lo presente y á lo pasado; que lo porvenir remitíalo á la providencia. En viéndola, dijo Critilo:
Ésta es la gustosa Historia.
Mas el varón alado: No es sino la maestra de la vida, la vida de la fama, la fama de la verdad y la verdad de los hechos.
Estaba rodeada de varones y mujeres, señalados unos por insignes y otros por ruines, grandes y pequeños, valerosos y cobardes, políticos y temerarios, sabios é ignorantes, héroes y viles, gigantes y enanos, sin olvidar ningún extremo. Tenía en la mano algunas plumas, no muchas, pero tan prodigiosas, que con una sola, que entregó á uno, le hizo volar y remontarse hasta los dos coluros. No sólo daba vida con el licor que destilaba; sino que eternizaba, no dejando envejecer jamás los famosos hechos. Íbalas repartiendo con notable atención, porque á ninguno daba la que él quería, y esto á petición de la Verdad y de la Entereza.