De la Celestina y otros tales, aunque ingeniosos, comparó sus hojas á las del perejil, para poder pasar sin asco la carnal grosería.
Éstas otras, aunque vulgares, son picantes y tal señor hay, que gasta su renta en ellas. Éstas de Barclayo y otros son como las de la mostaza, que, aunque irritan las narices, dan gusto con su picante.
Al contrario, otras muy dulces, así en el estilo, como en los sentimientos, las remitió, más para paladear niños y mujeres, que para pasto de hombres.
Las empresas del Jovio puso entre las olorosas y fragantes, que con su buen olor recrean el cerebro. Ostentó mucho unas hojas, aunque malaliñadas y tan feas, que les causaron horror; mas la prudente ninfa dijo:
No se ha de atender al estilo del infante don Manuel; sino á la extremada moralidad y al artificio con que enseña.
Por buen dejo sacó una alcarchofa y con lindo gusto la fué deshojando y dijo:
Estos raguallos del Boquelino, son muy apetitosos; pero de toda una hoja sólo se come el cabo con su sal y su vinagre.
Políticas. Muy gustosos y muy cebados se hallaban aquí, sin tratar de dejar jamás estancia tan de hombres. Sola la Conveniencia pudo arrancarlos, que á la puerta de un otro gran salón y muy su semejante, aunque más majestuoso, los estaba convidando y decía:
Aquí es donde habéis de hallar la sabiduría más importante: la que enseña á saber vivir.
Entraron por razón de estado y hallaron una coronada ninfa, que parecía atender más á la comodidad, que á la hermosura, porque decía ser bien ajeno y aun se le oyó decir tal vez: