¿Qué te parece?, dijo el Cécrope. ¿Pudieran discurrir mejor los siete sabios de Grecia? Pues advierte que todos son mecánicos y los más sastres.

Eso creeré yo: que de sastres siempre hay muchos.

Murmuración
mecánica.
Y Andrenio: ¿Pues quién los mete á ellos en esos puntos?

¡Oh! que es su oficio tomar la medida á cada uno y cortarle el vestido. Y aun todos en el mundo son ya sastres en descoser vidas ajenas y dar cuchilladas en la más rica tela de la fama.

Aunque era tan ordinario aquí el ruido y tan común la vocería, sintieron que hablaban más alto allí cerca, en una ni bien casa ni mal zahurda, aunque muy enramada: que, en habiendo riego, hay ramos.

¿Qué estancia ó qué estanque es éste?, preguntó Andrenio.

Y el Cécrope, agestándose de misterio:

Éste es, dijo, el Areópago. Aquí se tiene el consejo de estado de todo el mundo.

Bueno irá él, si por aquí se gobierna. Ésta más parece taberna.

Sí lo es, respondió el Sabio: que, como se les suben los humos á las cabezas, todos dan en quererlo ser.