Por lo menos, replicó el Cécrope, no pueden dejar de dar en el blanco.

Y aun en el tinto, respondió el Sabio.

Pues de verdad, volvió á instar, que han salido de aquí hombres bien famosos y que dieron harto que decir de sí.

¿Quiénes fueron éstos?

Cabezas
de motines.
¿Cómo quiénes? ¿Pues no salió de aquí el tundidor de Segovia, el cardador de Valencia, el segador de Barcelona y el carnicero de Nápoles, que todos salieron á ser cabezas y fueron bien descabezados?

Escucharon un poco y oyeron que unos en español, otros en francés, en irlandés algunos, y todos en tudesco, estaban disputando cuál era más poderoso de sus reyes, cuál tenía más rentas, qué gente podían meter en campo, quién tenía más estados, brindándose á la salud dellos y á su gusto.

De aquí, sin duda, dijo Andrenio, salen tantos, como andan rodando por esa gran vulgaridad, dando su voto en todo. Yo creí procedía de estar tan acabados los hombres, que andaban ya en cueros; mas ahora veo que todos los cueros andan en ellos.

Así es, ponderó el Sabio. No verás á otro por ahí, sino pellejos rebutidos de poca sustancia. Mira aquél, cuanto más hinchado más vacío. Aquel otro está lleno de vinagre á lo ministro. Aquellos botillos pequeños son de agua de azahar, que con poco tienen harto: luego se llenan. Aquéllos, muchos son de vino y por eso en tierra. Aquellos otros, los que, en siendo de voto, son de bota. Muchos están embutidos de paja, que la merecen. Colgados otros, por ser de hombres fieros, que hasta del pellejo de un bárbaro están acullá haciendo un tambor, para espantar, muerto, sus contrarios: tan allá resuena la fiereza déstos.

De la mucha canalla, que de adentro redundaba, se descomponían por allí cerca muchos otros corrillos y en todos estaban murmurando del gobierno, y esto siempre y en todos los reinos, aun en el siglo de oro y de la paz. Era cosa ridícula oir los soldados tratar de los consejos, dar prisa al despacho, reformar los cohechos, residenciar los oidores, visitar los tribunales. Al contrario los letrados, era cosa graciosa verlos pelear, manejar las armas, dar asaltos y tomar plazas. El labrador, hablando de los tratos y contratos, el mercader de la agricultura, el estudiante de los ejércitos y el soldado de las escuelas, Necios
barajados.
el seglar ponderando las obligaciones del eclesiástico y el eclesiástico las desatenciones del seglar. Barajados los estados, metiéndose los del uno en el otro, saltando cada uno de su corro y hablando todos de lo que menos entienden.

Estaban unos viejos diciendo mucho mal de los tiempos presentes y mucho bien de los pasados, exagerando la insolencia de los mozos, la libertad de las mujeres, el estrago de las costumbres y la perdición de todo.