¿Cuál buscáis, dijo el enano: la falsa ó la verdadera?

¿Pues qué, hay Ventura falsa? Nunca tal oí.

Ventura
hipócrita.
¡Y cómo si la hay! ¡Ventura hipócrita! Antes es la que hoy más corre. Tiénese por dichoso uno en ser rico y es de ordinario un desventurado. Cuenta el otro por gran dicha el haber escapado en mil insultos de las manos de la justicia y es ése su mayor castigo.

Un ángel fué para mí aquel hombre, dice éste: y no fué sino un demonio, que le perdió.

Tiene aquél por gran suerte el no haber padecido jamás ni un revés de fortuna y no es sino un bofetón, de que no le ha tenido por hombre el cielo para fiarle un acto de valor.

Tal dice: Dios me vino á ver. Y no fué, sino el mismo Satanás en sus logros. Cuenta el otro por gran felicidad el no haber estado en su vida indispuesto y hubiera sido su único remedio, para sanar en el ánimo. Alábase el lascivo de haber sido siempre venturoso con mujeres y ésa es su mayor desventura. Estima la otra desvanecida por su mayor dicha su buena gracia y ésa fué su mayor desgracia. Así que los más de los mortales yerran en este punto, teniendo por felicidad la desdicha. Que errando los principios, todas salen falsas las consecuencias.

Entremetióseles un pretendiente (¡qué otro trato éste del enfado!), y al punto comenzó á quejarse y murmurar y un estudiante á contradecirle. Que todos cuantos piensan saber algo dan en espíritu de contradicción. Pasaron de una en otra á burlarse del enano.

Y tú, dijo el estudiante, ¿qué vas á buscar?

Voy, dijo, á ser gigante.

¡Bravo aliento! Pero, ¿cómo podrá ser eso?