Y si no, mirad cuando gobiernan hombres de entereza y de virtud, como ahora, si son estimados los buenos, si son premiados los sabios.
Escoge el otro por amigo al enemigo de su honra y por confidente al más ruin. Con ése se acompaña, ése que le gasta la hacienda.
Creedme que en los mismos hombres está el mal. Ellos son los malos y los peores, ellos ensalzan el vicio y desprecian la virtud. Que no hay cosa hoy más aborrecida.
Manos
de la fortuna. Favorezcan ellos los hombres de bien, que yo no deseo otro. ¿Veis aquí mis manos? Miradlas, reconocedlas, que no son mías. Ésta es de un príncipe eclesiástico y esta otra de un seglar. Con éstas reparto los bienes, con éstas hago mercedes, con éstas dispenso las felicidades. Ved á quién dan estas manos, á quién adelantan, á quién elevan. Que yo siempre doy las cosas por manos de los mismos hombres ni tengo otras. Y para que veáis cuánta verdad es ésta:
¡Hola!, ¡hola!, llamadme aquí luego el Dinero, venga la Honra, los Cargos, Premios y Felicidades, venga acá cuanto vale y se estima en el mundo, comparezcan aquí todos cuantos se nombran bienes míos.
Concurrieron luego todos y comenzó á alborotarlos cuerdamente.
Venid acá, decía, ruin canalla, gente baja y soez, que vosotros, infames, me tenéis sin honra. Di, tú, bellaco, di, tú, dinero, El dinero
residenciado. ¿por qué estás reñido con los hombres de bien? ¿Por qué no vas á casa de los buenos y virtuosos? ¿Es posible que me digan que siempre andas con gente ruin, haciéndote camarada con los peores del mundo, y me aseguran que nunca sales de sus casas? ¿Esto se puede tolerar?
Señora, respondió el Dinero, primeramente, todos los ruines, como son rufianes, farsantes, espadachines y rameras, jamás tienen un real ni para en su poder. Y si los buenos tampoco le tienen, no tengo yo la culpa.
¿Pues quién la tiene?
Ellos mismos.