Escandalizáronse todos mucho de oir esto.

Y ella: Yo me desempeñaré. No es porque ellos así lo sientan, sino porque lo sienta el vulgo, para tener á raya los soberbios. Yo soy el coco de los poderosos. Conmigo les hacen miedo. Teman los ricos, tiemblen los afortunados, escarmienten los validos, enfrénense todos. Una cosa os quiero confesar y es que los verdaderos sabios, que son los prudentes y virtuosos, son muy superiores á las estrellas. Bien es verdad que tengo cuidado no engorden, porque no duerman. Que el enjaulado jilguero, en teniendo que comer, no canta. Y porque veáis que ellos saben ser dichosos:

¡Hola!, arrastrad aquella mesa.

Era redonda y capaz de todos los siglos. En medio della se ostentaban muchas venturas, en bienes, digo cetros, tiaras, coronas, mitras, bastones, varas, laureles, púrpuras, capelos, toisones, hábitos, borlas, oro, plata, joyas y todas sobre un riquísimo tapete. Mesa
de la fortuna.
Mandó luego llamar todos los pretendientes de ventura, que fueron todos los vivientes, que ¿quién hay que no desee? Coronaron la gran mesa y, teniéndolos así juntos, les dijo:

Mortales, todos estos bienes son para vosotros. ¡Alto!, disponeos para conseguirlos, que yo nada quiero repartir, por no teneros quejosos. Cada uno escoja lo que quisiere y coja lo que pudiere.

Hizo señal de agarrar y al punto comenzaron todos á porfía á alargar los brazos y estirarse, para alcanzar cada uno lo que deseaba; pero ninguno podía conseguirlo. Don Diego
Jerónimo Sala.
Estaba ya uno muy cerca de alcanzar una mitra; aunque no la merecía tanto como un vicario general y sea el doctor Sala. Anduvo porfiando toda la vida tras ella; mas nunca la pudo asir y murió con aquel buen deseo.

Daba saltos un otro por una llave dorada y, aunque se fatigó y fatigó á otros, como tenía dientes, se le defendía.

Empinábanse algunos al rojo; al cabo se quedaban en blanco.

Anhelaba otro y aun sudaba tras un bastón; mas vino una bala y derribóle, cuando le iba á empuñar.

Cogían unos la carrera muy de atrás y á veces por rodeos é indirectas. Daban valientes saltos por alcanzar alguna cosa y quedábanse burlados.