Lascivos. Encarrilaban muchos por un paseo muy ameno y delicioso: íbanse de prado en prado muy entretenidos y placenteros, saltando y bailando, cuando á lo mejor caían rendidos, sudando y gritando, sin poder dar un paso, haciendo malísimas caras, por haberlas hecho buenas.

De un paso se quejaban todos que era muy peligroso, infestado siempre de ladrones y, aunque lo sabían, echaban no pocos por él, diciendo que ellos se entenderían con los otros y al cabo todos se hacían ladrones, robándose unos á otros.

Avaros. Preguntaban unos, con no poca admiración de Andrenio y gusto de Critilo, por topar quien repasase y se informase: pedían cuál era el camino de los perdidos. Creyeron que para huir de él y fué al contrario, que, en sabiéndolo, tomaron por allí la derrota.

¡Hay tal necedad!, dijo Andrenio, y viendo entre ellos algunos personajes de harta importancia, preguntáronles cómo iban por allí y respondieron que ellos no iban, sino que los llevaban.

No era menos calificada la de otros, que todo el día andaban alrededor, moliéndose y moliendo, sin pasar adelante ni llegar jamás al centro.

No hallaban el camino otros: todo se les iba en comenzar á caminar; nunca acababan y luego paraban, no acertando á dar un paso, con las manos en el seno y, si pudieran, aun metieran los pies: éstos jamás llegaban al cabo con cosa.

Dijo uno que él quería ir por donde ningún otro hubiese caminado jamás. Nadie le pudo encaminar. Tomó el de su capricho y presto se halló perdido.

¿No adviertes, dijo Critilo, que casi todos toman el camino ajeno y dan por el extremo contrario de lo que se pensaba? El necio da en presumido y el sabio hace del que no sabe, el cobarde afecta el valor y todo es tratar de armas y pistolas y el valiente las desdeña, el que tiene da en no dar y el que no tiene desperdicia, la hermosa afecta el desaliño y la fea revienta por parecer, el príncipe se humana y el hombre bajo afecta divinidades, el elocuente calla y el ignorante se lo quiere hablar todo, el diestro no osa obrar y el zurdo no para. Todos al fin verás que van por extremos, errando el camino de la vida de medio á medio.

Echemos nosotros por el más seguro, aunque no tan plausible, que es el de una prudente y feliz medianía, no tan dificultoso como el de los extremos, por contenerse siempre en un buen medio.

Pocos le quisieron seguir; más luego que se vieron encaminados, sintieron una notable alegría interior y una grande satisfacción de la conciencia. Advirtieron más, que aquellas preciosas piedras, ricas prendas de la razón, comenzaron á resplandecer tanto, que cada una parecía un brillante lucero, haciéndose lenguas en rayos y diciendo: ¡Éste es el camino de la verdad y la verdad de la vida!