Al contrario todas las de aquellos, que siguieron sus antojos, se vieron perder su luz, de modo, que parecieron quedar de todo punto ofuscadas y ellos eclipsados: tan errado el dictamen, como el camino.

Viendo Andrenio que caminaban siempre cuesta arriba, dijo:

Este camino, más parece que nos lleva al cielo, que al mundo.

Así es, le respondió Critilo, porque son las sendas de la eternidad y, aunque vamos metidos en nuestra tierra; pero muy superiores á ella, señores de los otros y vecinos á las estrellas. Ellas nos guíen, que ya estamos engolfados entre Escilas y Caribdis del mundo.

Esto dijo al entrar en una de sus más célebres ciudades, gran Babilonia de España, emporio de sus riquezas, teatro augusto de las letras y las armas, esfera de la nobleza y gran plaza de la vida humana.

Quedó espantado Andrenio de ver el mundo, que no le conocía, mucho más admirado que allá, cuando salió á verlo de su cueva. ¿Pero qué mucho, si allí lo miraba de lejos y aquí tan de cerca? Allí contemplando, aquí experimentando. Que todas las cosas se hallan muy trocadas, cuando tocadas. Lo que novedad le causó fué el no topar hombre alguno; aunque los iban buscando con afectación en una ciudad populosa y al sol de mediodía.

¿Qué es esto?, decía Andrenio. ¿Dónde están estos hombres? ¿Qué se han hecho? ¿No es la tierra su patria tan amada, el mundo su centro y tan querido? ¿Pues cómo lo han desamparado? ¿Dónde habrán ido, que más valgan?

Iban por una y otra parte solícitamente buscándolos sin poder descubrir uno tan sólo, hasta que...; pero cómo y dónde los hallaron nos lo contará la otra Crisi.


CRISI VI