Pues de verdad que ocasiones no han faltado.

¿Cómo no se han hecho?, preguntó Critilo. ¿Por qué se han deshecho?

Hay mucho que decir en ese punto, ponderó Quirón. Unos lo quieren ser todo y al cabo son menos que nada; valiera más no hubieran sido. Dicen también que corta mucho la envidia con las tijerillas de Tomeras. Pero yo digo que ni es eso ni esotro; sino que, mientras el vicio prevalezca, no campeará la virtud y, sin ella, no puede haber grandeza heroica. Creedme que esta Venus tiene arrinconadas á Belona y á Minerva en todas partes y no trata ella, sino con viles herreros, que todo lo tiznan y todo lo hierran. Al fin no nos cansemos, que él no es siglo de hombres eminentes ni en las armas ni en las letras. Pero decidme ¿dónde los habéis buscado?

Y Critilo: ¿Dónde los habemos de buscar, sino en la tierra? ¿No es ésta su patria y su centro?

¡Qué bueno es eso!, dijo el centauro. ¡Mirad! ¿Cómo los habíais de hallar? No los habéis de buscar ya en todo el mundo, que ya han mudado del hito: nunca está quieto el hombre, con nada se contenta.

Pues menos los hallaremos en el cielo, dijo Andrenio.

Menos, que no están ya ni en el cielo ni en la tierra.

¿Pues dónde los habemos de buscar?

¿Dónde? En el aire.

¿En el aire?